martes, 25 de enero de 2011

Trio fallido

Tras hacer un repaso de las series sobre las que he hablado, me doy cuenta de que tan sólo he hablado de dos series que no me gustan (Glee y Shameless, por si nadie se había dado cuenta). Con esto, puedo dar la imagen equivocada de que toda serie americana me gusta. Por este motivo, me decido hoy a escribir este post sobre series que no me gustan por un motivo o por otro.

Así, en primer lugar, me parece insoportable Castle. ¿Por qué? Porque es El Mentalista pero sin gracias, sin personajes atractivos y sin un McGuffin de interés. Además, la atracción mutua de los protagonistas da repelús más que otra cosa y sus guiones se creen más divertidos e inteligentes de lo que son. Además, el escritor protagonista me parece un subnormal egocéntrico que siempre tiene el chiste malo en la punta de los labios. Por supuesto, he conocido gente que vive emocionada con Castle y que esperan ansiosos cada semana un nuevo capítulo. Yo, en cambio, esa noche prefiero dormir, pues me parece mucho más productivo…

Otra de esas series que congrega a millones de fanáticos frente al televisor es Ley y Orden, en cualquiera de sus tres versiones (o las que haya). Creo que, aparte de pretenciosa, es una serie tremendamente sórdida y amoral, tratando con inhumanidad temas realmente fuertes y dolorosos. Sin embargo, la franquicia parece que tiene vida para rato, pues todavía no existe en la parrilla televisiva un producto que mezcle la investigación policial con los procesos judiciales (ejemplos vagos los encontramos en The good wife gracias al personaje de Kalinda), por lo que el hueco que dejarían sería difícil de llenar. Digo esto para confirmar que hubo un tiempo en el que L&O me gustaba, pero tantas temporadas me terminaron por agotar. Y es que los años no perdonan a nadie…

Me gustaría terminar con una serie recientemente estrenada en USA. Se trata de Skins, segundo remake de la temporada sobre un original británico. Pero, al igual que Shamelles, tiene un defecto descomunal: el mimetismo del guión al original, le resta espontaneidad al texto pues, lo que en principio debería ser una interpretación, pasa a ser una imitación del original. Además, si la versión inglesa ya era escandalosa, chabacana y tremendamente marginal, este nuevo intento se pasa de la raya buscando llamar la atención mediante la exposición de menores en paños menores (o sin paños, directamente). Porque sí, en esta ocasión son adolescentes de verdad los que interpretan a los adolescentes de ficción: un intento de dar realismo a una serie que muestra una juventud obsesionada con el sexo, las drogas y el alcohol…

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