Aunque no tenga nada que ver con as series de televisión, lo primero que quiero decir es que me parece vergonzoso que los académicos hayan dejado fuera de la carrera hacia el Oscar a Cristopher Nolan, el magnífico director de la impactante Origen. Dicho esto, también quiero poner a parir a aquellos comentaristas que se dedican a poner a parir en la red a lo que ellos llaman “adolescentes cachondos”, mientras ponen en un pedestal a series cuyo único argumento son las tetas y los culos. Con perdón, pero es así.
En este caso me refiero a una serie muy concreta que es el del panfleto semi-pornográfico llamado Californication. Es de la mayor hipocresía del mundo criticar la pornografía y a los obsesos sexuales (lo que las mujeres llaman “baboso”), mientras le ríen las gracias a un adicto al sexo cuya existencia es irreal, inhumana y enfermiza. Resulta increíble que todavía se juegue con el sexo de la manera en que se hace cuando no hacen más que crecer los embarazos no deseados (este nombre siempre me ha parecido contradictorio, salvo en un caso muy concreto y evidente) y los abortos, así como las violaciones, los abusos a menores, las roturas familiares por infidelidad, la promiscuidad (origen de casi todas las enfermedades de transmisión sexual) y un largo etcétera que están llevando a nuestra sociedad hacia un abismo espeluznante.
Por este motivo, es evidente la irresponsabilidad que determinadas cadenas están cometiendo. Alguno pensará que exagero, pero quien tenga cogido el pulso a la sociedad en general (y a la americana en particular) sabe la importancia que tiene la televisión en las vidas de los espectadores. Lástima que los productores sean tan irresponsables y los actores tan vendidos. Pero allá ellos.
Alguno me tachará de falso por criticar esta serie y no citar siquiera a Hung. A esos les digo que también tengo cera para la serie del gigoló, pero antes tenía que ocuparme de esta por su éxito entre el publico, especialmente el varón veinteañero…

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