Cuando me enteré de que Julian Fellowes, iba a escribir y producir una serie sobre una familia aristocrática de principios del siglo pasado y los entresijos de su envidiosa y soberbia servidumbre, me imaginé una especie de Gosford Park (maravillosa película por cuyo libreto Fellowes ganó un Oscar) pero de 6 horas de duración. Enseguida la boca se me hizo agua, emocionado ante tal posibilidad.
Cuando por fin se estrenó (en el Reino Unido, pues aquí todavía tendrá que esperar quien quiera verla por televisión), una cosa quedó bien clara: el cine británico sigue siendo único a la hora de ambientar tiempos pretéritos. Muchos son los ejemplos, pero en el último año hemos tenido dos especialmente que sirven como botón de muestra de la indudable profesionalidad de los británicos en este ámbito: El discurso del rey y la serie que hoy nos ocupa, Downton Abbey.
Estamos en Inglaterra, 1912. El Titanic acaba de hundirse y esto trae cambios inesperados a Downton Abbey, la casa de la familia aristocrática Crawley, cambios que afectarán en mayor o menor medida a todos los habitantes de la mansión. Y es que el heredero de la fortuna familiar ha muerto en el gran transatlántico, por lo que la herencia puede caer en manos de un primo lejano y dejar a la primogénita sin nada. A partir de aquí empiezan los movimientos para intentar solucionar este embrollo. Alrededor de esta historia vemos otras muchas subtramas, historias personales de los personajes, sobre todo de los miembros del servicio.
Si queremos poner un ejemplo de serie coral, aquí tenemos uno, y muy bueno. Señores y sirvientes se reparten el protagonismo casi a partes iguales. La lista de actores y actrices es kilométrica y en ella se mezclan nombres consagrados con otros que comienzan su trayectoria interpretativa. Por destacar algunos, vemos a la siempre magnífica Maggie Smith (doble ganadora del Oscar cuya fama para el gran público viene por interpretar a la profesora McGonagall en la saga Harry Potter), a Hugh Bonneville (Iris), quien encarna al señor de la casa, al mayordomo interpretado por Jim Carter (Shakespeare in love) o la condesa, el papel de Elizabeth McGovern (nominada al Oscar por Ragtime).
En definitiva, una serie con un reparto impecable y una producción de elegante perfección donde el espectador disfrutará sumergiéndose en las vidas de sus personajes. Para los que ya la han saboreado, una buena noticia: habrá, como mínimo, una temporada más.

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