jueves, 30 de diciembre de 2010

In cold blood

Es evidente que no podía dejar acabar 2010 sin hablar de ese personaje tan coherentemente contradictorio por nombre Dexter Morgan. Y es que su serie ya va por la quinta temporada y este Jekyll del siglo XXI sigue cautivándonos (y acojonándonos) tanto como el primer día.

La tarea que tenían en esta quinta temporada no era nada fácil, pues hacernos olvidar al terrorífico malo interpretado por John Lithgow (alias Trinity) no es moco de pavo. Como tampoco lo eran mejorar los soberbios guiones con que los escritores nos deleitaron el año pasado. Afortunadamente, la serie ha jugado muy bien sus cartas, haciendo planear el recuerdo de Trinity y su alargada sombra durante bastante tiempo, si bien la personalidad de la serie sigue intacta: el protagonista absoluto siempre Dexter, ese encantador y dulce psicópata asesino.
Dexter en acción

Para los que todavía no han descubierto este serie Dexter es un forense especializado en análisis de salpicaduras de sangre en el departamento de Policía de Miami. También es un hombre que adora y cuida de su familia. Pero además, Dexter es un psicópata que al terminar su turno en la comisaría se convierte en un sanguinario asesino en serie. Sus victimas son escogidas gracias a un código que le inculcó su padre, según el cual sólo perseguir y eliminar a aquellos asesinos que han conseguido eludir la acción de la Justicia. Esta siniestra premisa nos ha regalado algunos de los momentos más fuertes de la historia de la televisión. Tal vez sea por este motivo por el que Dexter me gusta tanto…

A pesar de todo lo dicho anteriormente, reconozco que entrar en el mundo que nos propone esta serie no es nada fácil. Es más, es de ese tipo de series que, al igual que Breaking bad, o amas profundamente o la odias a rabiar. Lo que está claro es que el subidón de adrenalina que provocan casi todas sus escenas no puede (ni quiere) dejar indiferente a nadie, pues esta serie ha nacido con una clarísima vocación provocadora y tan sólo entrará en ella el que se deje.

NOTA: Este es mi último post del año. Volveré el lunes con las alforjas llenas de series por comentar (Community, Cougar Town, Sherlock, Dowton Abbey, Daños y perjuicios,…) y con artículos sobre los finales de temporada, algunos de los cuales van a dar mucho de qué hablar. Un saludo a todos y feliz Año Nuevo.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Las números 1

El año se acaba, y la gente empieza a hacer ahora repaso de todo lo que ha acontecido este año. En cuanto a las series se refiere, el balance no puede ser más positivo, pues en general el nivel de las temporadas ha sido alto.

Así, hemos vivido temporadas gloriosas en casi todas las grandes series que triunfan al otro lado del charco. Sin embargo, yo evidencio desde este blog mi predilección por dos: una comedia y un drama.

Por un lado, tenemos The good wife, la gran serie dramática del año, que en su segunda temporada nos ha viciado más que cualquier otra serie de abogados que hayamos visto. Esta temporada se han fortalecido los tres papeles femeninos de mayor importancia en la serie y el resultado no ha podido ser más positivo. El trío de féminas agresivas se merece todos los premios habidos y por haber. También merecen una mención especial los guiones, que nos han mantenido atentos a lo que pasaba cada segundo. Por respeto a quien no haya visto todavía esta imprescindible segunda temporada no voy a contar nada de su trama, pero espero que les entusiasme tanto como a mí. De todas maneras, si tengo que ponerle un pero, sería el siguiente: la rivalidad entre Kalinda y su nuevo compañero chirría un poco por lo bien que cae el personaje de Archie Panjabi y lo mal que cae su Némesis (un combate desigual que sólo puede acabar como el rosario de la aurora.

Por otro lado tenemos a Modern Family, comedia entre las comedias, digna heredera del trono que ha dejado vacante una alicaída 30 Rock. Si la serie que comentaba antes tenía su punto fuerte en los tres personajes femeninos, aquí tenemos un trío de cónyuges que nos hará partirnos de risa. Sin embargo, sigo teniendo debilidad por Sofía Vergara, que gana en protagonismo en esta segunda temporada y tiene a su cargo los momentos más gloriosos de la serie (atención al momento en el que apunta con una pistola como si fuera la mujer de un narco de su Colombia natal).

Nota: Me he visto obligado a colgar este post por los comentarios negativos que he oído en torno a estas dos series en otros blogs de series…

martes, 28 de diciembre de 2010

Vampiros, malditos vampiros

Llevamos ya una docena de series comentadas y, sin embargo, nunca me he atrevido a hablar de ninguna que pertenezca a ese género tan raro para mí como es el de los vampiros.  Y la razón es muy sencilla: ni me gustan los vampiros, ni entiendo todo ese mundo misterioso que les rodea. Tal vez este apartheid voluntario con lo chupa sangre sea fruto de un trauma infantil, no lo sé. Lo que tengo claro es que no me gustan.


El plantel de 'True Blood' al completo

Aclarado este punto, debo reconocer que los vampiros se han sabido integrar muy bien dentro de los géneros cinematográficos tradicionales (uf, qué mal me suena esta palabra de un tiempo a esta parte…). Así, tenemos dramas intimistas (Déjame entrar), culebrones románticos (la Saga Crepúsculo), comedias (Un vampiro suelto en Brooklyn), películas de acción (Blade y sus secuelas) y el clásico cine de terror (Drácula). Esta versatilidad de los vampiros para adaptarse a cualquier género ha sido aprovechada por la televisión, lanzando dos series al ruedo televisivo con suerte desigual.

Por un lado tenemos True Blood, éxito rotundo ahí donde se ha estrenado con fans enloquecidos dispuestos a dejarse chupar la sangre (y sorber el cerebro). La serie es una fiesta erótico-festiva vestida de drama que les gustará a los salidorros reprimidos que necesitan ver en la tele lo que sus tristes vidas nunca les conseguirán. Por otro lado, tenemos Crónicas Vampíricas, donde se nos intenta escandalizar mostrándonos continuamente los torsos desnudos de sus dos protagonistas (¡pues vaya!). Y es que el cine de vampiros y el rollo sensual van tristemente de la mano, de ahí los mordiscos en el cuello y todo ese rollo. Posiblemente esté siendo tremendamente injusto con ambas series y tal vez alguien le encuentre cien virtudes por cada defecto. Porque virtudes, desde luego, tienen: ambas (especialmente True Blood) poseen un sentido del humor más chanante que el de Reyes y cia., ambas contienen buenas dosis de acción y ambas cuentan con actores relativamente buenos que dan cierto tufo a bueno a sus series.

Sin embargo, estas series me torran. De vez en cuando puedo ver medio capítulo, pero como vea más acabo con una sobredosis de malditos vampiros. Y eso me mata.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Moteros sangrientos

A mi no me gustan las motos, ni tampoco los moteros. No me gusta el heavy ni los canosos cincuentones que la escuchan. No me van las chupas de cuero y me parece ridículo cuando veo un “abuelo” que la lleva. Sin embargo, he de reconocer que Hijos de la Anarquía (o Sons of Anarchy, que suena mucho mejor) me ha enganchado desde el primer capítulo.

Y es que el estilo Easy Rider todavía no ha pasado de moda a pesar de los tropecientos años que han pasado desde el estreno de este clásico que lanzó a la fama al malogrado Dennis Hopper. Las chopper montadas por los melenudos arrugados siguen siendo imagen de libertad y pasotismo, de rebelión y revolución, de eterna juventud inconformista. Tal vez por eso, a pesar de que no me gustan ninguna de las cosas arriba enunciadas, Sons of Anarchy me ha cautivado.


Cartel promocional de Sons of Anarchy

La historia, como en casi todas las buenas series, es sencilla: un joven con conciencia, se convierte en colíder de una banda de moteros traficantes de armas que utilizan su taller de coches como tapadera. La serie tiene, además, distintas subtramas a cual más interesante.

Aunque lo mejor, sin duda son sus personajes, de nula moralidad, que se comportan como animales despiadados que matan porque sí y se divierten peleándose en el zoo de la vida. Con estas metáforas poco elaboradas quiero advertir a quien se atreva a ver esta serie, de que algunas de las escenas más fuertes recuerdan al Scorsese más escabroso y al De Palma más brutal. Porque la serie es violenta, muy violenta, tanto física como emocionalmente. Pero, al igual que en el cine de estos dos italoamericanos, el resultado no es el rechazo de la violencia, sino la atracción vertiginosa que se siente hacia ella como fuente inagotable de poder y modelo de negocios. Tal vez esta sensación sólo la tenga yo, pero en cualquier caso, yo siempre estaré al lado de estos moteros salvajemente sangrientos.

Mención aparte merece Katey Sagal, en un registro totalmente opuesto al mostrado en Matrimonio con hijos. Y es que esta madurita se convierte aquí en la matriarca más cabrona y cariñosa de la historia de la televisión. Y es que ella, por su hijo, ma-ta. Literal. Por este papel, la Sagal se merece todos los premios desde hace tres años, los mismos que la serie lleva en antena. Sin embargo, ha tenido que esperar hasta esta tercera temporada para poder estar entre las mejores. Pero, ¿Quién dijo que los premios fueran justos?

jueves, 23 de diciembre de 2010

El pufo del año

He esperado algo más de dos semanas para escribir sobre esta serie. Y eso que se ha convertido en un fenómeno social prácticamente desde que se estrenó. El motivo de la espera lo he explicado varias veces: la aborrezco. Me estoy refiriendo a Glee, esa serie políticamente correcta que pretende ser original y graciosa y que fracasa en el intento.

Y eso que no podía tener más ganas de verla, pues los musicales me encantan y si encima sus protagonistas van al instituto entonces me apasionan (y mientras escribo esto estoy pensando más en Grease que en cursiladas sonrojantes como High School Musical). Sin embargo, cuando ya en el piloto vi que los personajes no podían ser más arquetípicos y planos y sus motivaciones más egoístas, me mosqueé. Cuando encima intentaron adoctrinarme colándome a determinados personajes, creyéndose capaces de manipular mis sentimientos con patrañas que insultarían la inteligencia de un niño de teta, mi cabreo pasó a ser mayúsculo.

La pandilla de 'Glee' posa en el lugar que mejor les sienta
Y es que Glee a quien mucho prometió, poco le ha dado. Sin embargo, los que no esperaban nada de ella están entusiasmados por unos personajes infantiles a más no poder. Y encima sus actores, provocadores de pacotilla, se dedican a posar en revistas como colegiales calientes en unas fotografías en las que se les acusa –con razón- de incitar a la pederastia. Todo muy patético, la verdad.

De todas maneras, no todo es negro en Glee, también hay algunas luces que consiguen que me olvide de las ganas de vomitar que me produce este engendro televisivo. Bueno, en realidad, esas luces son en realidad una sóla, pero brilla con tanta intensidad que vale por tres o cuatro. Me refiero a ese marimacho interpretado por la gran Jane Lynch, cuyo nombre de ficción es Sue Sylvester. Por este motivo he conseguido aguantar la primera temporada. ¿Conseguirá hacerme aguantar la segunda?

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Le falta algo

Yo no soy fan de las comedias negras, eso lo reconozco desde ya. Nurse Jackie me entretiene y, de vez en cuando me arranca una sonrisa o, incluso, una carcajada que demuestran que me lo hace pasar bien. Lo mismo me pasa con The big C, una de las sorpresas del año en EE.UU., todavía inédita en nuestro país.

La serie se emite por Showtime, una cadena con, cada vez, más productos poco o nada convencionales (también emite Dexter, por poner un ejemplo), con buenas calidades y actores de primera. The big C no es una excepción. Así, cuenta la historia de una mujer enferma de cáncer (la gran C del título) que no sabe muy bien como lidiar con su enfermedad ni con su vida, mientras nos ofrece un retrato de su día a día en tan penosa enfermedad. Todo ello desde un punto de visto cómico.

Hacer comedia sobre el cáncer puede parecer demasiado cruel pero la serie, más que de esto, peca de pretenciosa en su ánimo por ser transgresora y polémica, haciendo muchos esfuerzos por escandalizar. ¿Esfuerzos en vano? No creo. La serie es gamberra, sí, aunque le falta esa naturalidad que Eddie Falco consigue darle a su Nurse Jackie. No quiero decir con esto que la culpa sea de Laura Linney, actriz impecable y de carácter (signifique lo que signifique esto), aunque no la veo del todo cómoda con su papel. Tal vez sea que no soy capaz de empatizar con una persona que se toma así su vida tras saber que tiene cáncer (aunque sí que conecto con Jackie: Dios mío, ¿qué clase de persona soy?). No sé, no sé qué es lo que le falta a The big C para ser una gran serie. Aunque sí estoy seguro de que algo le falta para alcanzar la gloria. Eso sí, desde luego ingredientes para el triunfo no le faltan. Confiamos en que la segunda temporada termine de limar esas asperezas y encumbre por fin a la Linney al puesto de honor que le corresponde.

martes, 21 de diciembre de 2010

Frikis al poder

Cuando escribí el post “Algo bueno tenía que tener”, uno de mis mejores amigos me dijo que el artículo le había gustado, aunque le parecía que la lista estaba incompleta. Y es que, según él (y con él, millones de frikis en todo el mundo), los personajes que pueblan el universo de esa serie tan raruna como The Big Bang Theory deberían estar en cualquier listado de las mejores creaciones televisivas. Yo en aquel momento le di la razón con la boca chica, pues Sheldon y su pandilla no me hacían excesiva gracia. Sin embargo, después de ver su cuarta temporada no puedo sino rendirme a los encantos del Dr. Cooper y sus alocados amigos.

La "familia" friki al completo
Como el buen vino, The Big Bang Theory ha mejorado con el tiempo y se ha consolidado como una de las mejores comedias del momento y eso son palabras mayores si tenemos en cuenta que el “momento” es el de Modern Family, The big C, 30Rock, Entourage, Nurse Jackie y un largo etcétera. No en vano, con esta temporada se ha colado entre las grandes consiguiendo 2 nominaciones a los Globos de Oro, siendo favorito al mejor actor (con lo que Jim Parsons haría doblete tras ganar el Emmy este año). La verdad es que si le conceden este premio tendré una reacción agridulce: por un lado me alegraré, porque se lo merece; por otro, significará que ha destronado al todopoderoso Jack Donaghy interpretado por Alec Bladwin, lo que me da bastante pena…

El día a día de este curioso grupo de amigos, a cual más inteligente y a cual más raro, sigue sumando adeptos y ya son cientos de miles los que siguen esta serie en España. Sin embargo, creo que la serie la sostienen entre dos personajes fundamentalmente: el ya citado Sheldon, el judío Howard, cuya relación con su madre da origen a los momentos más chanantes de la serie.