Me da un poco de rabia no encontrar en este nuevo año, series que comiencen con intención de comerse el mundo. Tras unos años donde la ficción por capítulos era absolutamente maravillosa, unos años en los que, temporada tras temporada se estrenaban un puñado de series buenas, parece que la sequía imaginativa ha llegado a las mentes de los guionistas televisivos. Tan sólo una excepción (eso sí, magistral), de nombre Boardwalk Empire. El resto, mejor no hablar. Ni siquiera The walking dead con su éxito exacerbado puede considerarse que esté al nivel.
Conste que a mi la serie de Frank Darabont no me disgusta. Pero el director de Cadena Perpetua ha optado por una manera de narrar muy próxima al telefilm, lo que, desde mi punto de vista, es un error se mire por donde se mire. De hecho, haciendo un repaso rápido por su filmografía, me doy cuenta de que casi todas las películas de Darabont han sido rodadas con ese estilo retro y esa lentitud en el montaje que define a los telefilms (otra característica son los irrisorios doblajes, pero eso no es culpa del director). De hecho, tres de sus obras recientes más conocidas, Cadena Perpetua, La milla verde y The Majestic narran historias de comienzos o mediados del siglo veinte, tal vez para paliar las carencias de una fotografía mate en exceso (en especial en The Majestic, donde por la historia suponíamos más color). Ahora, con The walking dead, me doy cuenta de que probablemente sea el único recurso dramático de un director que tal vez dio demasiado en el film protagonizado por Tim Robbins. Bueno no, el único recurso no: también utiliza reiteradamente los montajes plomizos para recalcar la triste situación de sus personajes.
En fin, que lo siento en el alma, pero por mucho aire que se den los críticos profesionales, esta serie no podrá durar más de dos o tres temporadas. He dicho.
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