miércoles, 2 de febrero de 2011

¡A por los piratas!

Sé que prometí escribir todos los días un post comentando una serie, un capítulo o algo relacionado con el mundo televisivo. Sin embargo, los principales portales de Internet llevan casi una semana sin subir ni una serie a la red. Tal vez sea como reacción-protesta a la ley Sinde, aunque sería más lógico protestar petando la red a base de colgar hasta las películas de Paco Martínez Soria. Pero, como digo, no lo sé, aunque esta introducción metida con calzador me sirve para hablar de lo que realmente quiero: el acuerdo, absolutamente injusto, al que han llegado los políticos para aprobar una ley en la que se pone al mismo nivel descargarse una película que conducir borracho. Este despropósito, facilitado por un Código Penal absolutamente irrisorio, se aprobará en breve en el Congreso con apoyo del 90% de los votos.

Dejando de lado disquisiciones legales (desvelar las paradojas de nuestro sistema llenaría libros y libros), me pongo a criticar la hipocresía farisaica de los políticos. Conste que no me quejo de que prohíban las descargas gratuitas, pero si tengo motivo para mostrar mi frustración por dos hechos: la persecución a la que se va a someter al internauta al que no se le da siquiera la posibilidad de poder pagar para descargarse una película; y lo absurdo de las justificaciones de ciertos políticos para la aprobación de esta ley. Porque, no nos engañemos, esta ley no se hace ni para proteger la propiedad intelectual del creador, ni para defender el arte. Esta ley se aprueba para que se sigan enriqueciendo los pobres “artistas” ricos, que se quejan de que la piratería reduce sus ventas de CD, etc.

Vamos a ver si me explico: un “artista” lo que más quiere en el mundo es llegar al público, es decir, que su música evoque (en el caso de los cantantes), impactar con su interpretación (en el caso de los actores), conmover con su lenguaje (en el caso del escritor) o dejar prendado al espectador (en el caso del pintor). Evidentemente, tiene que vivir, pero eso no implica que prime su afán de ganar dinero sobre el de expresar su arte. Dejando de lado a escritores y pintores, a los que no afecta esta ley (y que son los que han llegado al acuerdo más lógico y justo con los representantes de medios informáticos), tenemos a los cineastas (en el sentido de todas las personas que se dedican al mundo del cine) y cantantes.

En el caso de los cantantes, siento decir, por mucho que Alejandro Sanz se ponga farruco apoyando la ley Sinde, que los únicos perjudicados por la piratería son las discográficas. Como explicó Alaska en una entrevista, el cantante se lleva, como mucho, un euro por cada disco, lo que supone menos del 5% del total del disco. Si a las discográficas se les permite robar cobrando 24 euros por 13 canciones (¡casi 2 euros por canción!), a todos se nos debe permitir robar descargándonos las canciones. Aquí, o follamos todos, o la puta al río.

En el caso del cine, el despropósito es aún mayor si tenemos en cuenta el reciente caso de Avatar, película que duplicó lo ingresado por Titanic, hasta ahora, la película con mayor recaudación de la historia. Alguno dirá que por el 3D; yo se lo reconozco sólo a medias: el número de espectadores fue mayor en las salas 2D que en las de 3D. ¿Más casos recientes? Toy Story 3, Origen y Valor de ley, por poner tres ejemplos de películas que, además, lucharan por el Oscar dentro de 25 días…

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